A través del lenguaje de clown sin palabras, la obra inicia con un represor arrebatando una bebé a su madre biológica tras asesinarla. La niña es entregada a una pareja que oculta su origen y, mediante un potente simbolismo, le imponen una nariz blanca para tapar su nariz roja natural. El apropiador intenta borrar el pasado escondiendo armas en una valija encadenada y tratando de "eliminar" el recuerdo de la madre, quien reaparece persistentemente en la escena. Al crecer, la joven descubre el contenido de la valija y, tras una reveladora llamada, se encuentra con su abuela. En un acto de liberación, entrega la valija a sus apropiadores y recupera su historia. La obra culmina cuando la joven se quita la nariz blanca, revelando una roja idéntica a la de su abuela: un triunfo de la identidad y la memoria sobre el olvido. Esta obra permite trabajar en el aula la metáfora de la "valija" como contenedor de la historia personal y el uso de la nariz de clown como máscara social versus la esencia del ser. El lenguaje no verbal facilita que los estudiantes de diversas edades puedan interpretar la historia a través de la empatía y la observación crítica, sin la necesidad de mediación discursiva compleja.

A través del lenguaje de clown sin palabras, la obra inicia con un represor arrebatando una bebé a su madre biológica tras asesinarla. La niña es entregada a una pareja que oculta su origen y, mediante un potente simbolismo, le imponen una nariz blanca para tapar su nariz roja natural. El apropiador intenta borrar el pasado escondiendo armas en una valija encadenada y tratando de "eliminar" el recuerdo de la madre, quien reaparece persistentemente en la escena. Al crecer, la joven descubre el contenido de la valija y, tras una reveladora llamada, se encuentra con su abuela. En un acto de liberación, entrega la valija a sus apropiadores y recupera su historia. La obra culmina cuando la joven se quita la nariz blanca, revelando una roja idéntica a la de su abuela: un triunfo de la identidad y la memoria sobre el olvido. Esta obra permite trabajar en el aula la metáfora de la "valija" como contenedor de la historia personal y el uso de la nariz de clown como máscara social versus la esencia del ser. El lenguaje no verbal facilita que los estudiantes de diversas edades puedan interpretar la historia a través de la empatía y la observación crítica, sin la necesidad de mediación discursiva compleja.


"Cenizas quedan siempre" es una obra de Héctor Presa con música de Angel Mahler, destacada por ser la primera pieza para niños y jóvenes seleccionada por Teatro por la Identidad en el año 2007. Este año al cumplirse 50 años del inicio de la dictadura militar volvemos a poner en escena este trabajo conscientes de la importancia que tiene no olvidar lo sucedido en aquellos tiempos.

"Cenizas quedan siempre" es una obra de Héctor Presa con música de Angel Mahler, destacada por ser la primera pieza para niños y jóvenes seleccionada por Teatro por la Identidad en el año 2007. Este año al cumplirse 50 años del inicio de la dictadura militar volvemos a poner en escena este trabajo conscientes de la importancia que tiene no olvidar lo sucedido en aquellos tiempos.

A través del lenguaje de clown sin palabras, la obra inicia con un represor arrebatando una bebé a su madre biológica tras asesinarla. La niña es entregada a una pareja que oculta su origen y, mediante un potente simbolismo, le imponen una nariz blanca para tapar su nariz roja natural. El apropiador intenta borrar el pasado escondiendo armas en una valija encadenada y tratando de "eliminar" el recuerdo de la madre, quien reaparece persistentemente en la escena. Al crecer, la joven descubre el contenido de la valija y, tras una reveladora llamada, se encuentra con su abuela. En un acto de liberación, entrega la valija a sus apropiadores y recupera su historia. La obra culmina cuando la joven se quita la nariz blanca, revelando una roja idéntica a la de su abuela: un triunfo de la identidad y la memoria sobre el olvido. Esta obra permite trabajar en el aula la metáfora de la "valija" como contenedor de la historia personal y el uso de la nariz de clown como máscara social versus la esencia del ser. El lenguaje no verbal facilita que los estudiantes de diversas edades puedan interpretar la historia a través de la empatía y la observación crítica, sin la necesidad de mediación discursiva compleja.